Que fácil fue tocar el cielo la primera vez, cuando los besos fueron el motor de arranque, que encendió la luz que hoy se desaparece. Así se disfraza el amor para su
conveniencia, aceptando
todo sin hacer preguntas, y dejando
al tiempo la estocada a muerte,
nada
más que decir, sólo queda
insistir…